Poetario
Retrato de Adelardo López de Ayala
Ignacio Suárez Llanos (1830-1881), óleo de 1880, Museo del Romanticismo, Madrid

Adelardo López de Ayala

1828–1879 · España · Nació en Guadalcanal, Sevilla, España · Murió en Madrid, España · Dramaturgo, Poeta, Político, Ministro

Semblanza

Adelardo López de Ayala nació en 1828 en Guadalcanal, un pueblo de la sierra de Sevilla, y llegó a Madrid a los veintitrés años con una obra de teatro escrita. La estrenó en 1851 y de ahí en adelante tuvo dos carreras a la vez. Como dramaturgo escribió comedias sobre el dinero y el matrimonio —«El tanto por ciento», «Consuelo»— que llenaron teatros durante décadas. Como político llegó a ministro de Ultramar y a presidente del Congreso, y fue suyo el manifiesto que justificó la revolución de 1868.

La poesía la escribió al lado de todo eso y casi no la publicó: son sonetos de amor, de duda y de encargo, muy distintos del tono público del resto de su obra, y se recogieron cuando ya había muerto. Murió en Madrid el 30 de diciembre de 1879, a los cincuenta y un años, siendo presidente del Congreso y tres semanas después de haber rechazado la presidencia del gobierno.

Vida

Nació el 1 de mayo de 1828 en Guadalcanal, en la sierra norte de la provincia de Sevilla. Estudió leyes en Sevilla y no terminó la carrera: se pasó al teatro, que era lo que le interesaba, y con una obra escrita se fue a Madrid.

Esta obra, llamada «Un hombre de estado», fue estrenada en el Teatro Español en 1851, cuando tenía veintitrés años. Era un drama histórico y le funcionó de entrada. A partir de ahí escribió sin parar durante casi treinta años y fue de los pocos autores españoles del siglo que vivió bien de la escena.

Sus obras que quedaron son comedias de asunto contemporáneo, lo que en España se llamó alta comedia: «El tejado de vidrio» (1856), «El tanto por ciento» (1861) y «Consuelo» (1878). Las tres atacan lo mismo, que el dinero se había vuelto la medida de todo, incluido con quién se casa uno. «Consuelo» se estrenó el 30 de marzo de 1878 con los reyes en el teatro. Escribía diálogo mejor que sus contemporáneos y por eso sus obras aguantaron en cartel más que las de ellos.

A la par de su éxito teatral, López de Ayala construyó una sólida carrera política. Entró a la vida pública a través de los círculos intelectuales de Madrid, integrándose en la Unión Liberal. Gracias a su elocuencia, fue elegido diputado por primera vez en 1857. Con los años, asumió responsabilidades de Estado como ministro de Ultramar —el cargo encargado de administrar el imperio de España que quedaba para ese entonces, principalmente Cuba, Puerto Rico y Filipinas— hasta culminar su trayectoria en 1878 como presidente del Congreso de los Diputados.

Su intervención más recordada es de septiembre de 1868. Cuando los generales se levantaron contra Isabel II, fue él quien redactó el manifiesto que justificaba el pronunciamiento y que el almirante Juan Bautista Topete leyó en Cádiz el día 19. Terminaba con un grito que se volvió el lema de toda la revolución: «¡Viva España con honra!». **Conviene no confundirlo con el manifiesto de Sandhurst de 1874, que preparó la vuelta de los Borbones y que redactó Antonio Cánovas del Castillo**.

Entró en la Real Academia Española el 25 de marzo de 1870 con un discurso sobre Pedro Calderón de la Barca, que era el dramaturgo que más admiraba. En su vida privada se le conocieron relaciones con dos actrices, Teodora Lamadrid y Elisa Mendoza Tenorio, con la que estuvo comprometido.

La poesía fue siempre lo de al lado. Escribió sonetos toda su vida sin apenas publicarlos, y se reunieron en libro después de su muerte. Son de dos clases: unos de amor y de galantería, dirigidos a mujeres con nombre propio, y otros de duda religiosa y desengaño. Quien lo conozca por sus comedias de tesis o por sus discursos no lo reconoce en ellos.

Murió en Madrid el 30 de diciembre de 1879, a los cincuenta y un años, mientras presidía el Congreso. Semanas antes el rey Alfonso XII le había ofrecido la presidencia del gobierno y él la había rechazado. Está enterrado en el cementerio de San Justo.

Su tiempo

Le tocó de lleno el desorden político español del siglo XIX, y no de espectador: reinado de Isabel II, revolución de 1868, un rey italiano traído para reemplazarla, una primera república que duró once meses y la vuelta de los Borbones en 1874. Estuvo dentro de casi todos esos cambios, con cargo o con pluma.

El ministerio de Ultramar que ocupó varias veces era el más incómodo del gobierno. En esos años se peleaba en Cuba la guerra de los Diez Años (1868-1878), la primera guerra de independencia cubana, y se discutía en las Cortes la abolición de la esclavitud en las colonias. Administrar Ultramar en esa década era administrar esos problemas.

El teatro de Madrid vivía entonces de un público burgués nuevo que iba a ver en escena sus propios asuntos: herencias, dotes, matrimonios por dinero. La alta comedia se inventó para ese público, y las obras de López de Ayala fueron de las que mejor le hablaron, porque lo criticaban sin dejar de entretenerlo.

En poesía, sus años son los de después del romanticismo declamatorio y antes del modernismo: un momento en que el soneto volvió a ponerse de moda como forma breve para asuntos privados. Que un hombre público escribiera sonetos amorosos y no los publicara era completamente normal entonces; circulaban a mano entre conocidos y salían en libro cuando el autor ya no podía objetar.

Logros

«El tanto por ciento» (1861) y «Consuelo» (1878), las dos cimas de la alta comedia española, sobre cómo el dinero decidía los matrimonios de su tiempo

«Un hombre de estado» (1851), el drama histórico con el que se estrenó a los veintitrés años y que le abrió los teatros de Madrid

El manifiesto de la revolución de septiembre de 1868, leído por el almirante Topete en Cádiz, del que salió el lema «¡Viva España con honra!»

Varios ministerios de Ultramar durante los años de la guerra de los Diez Años en Cuba y del debate sobre la abolición de la esclavitud en las colonias

La presidencia del Congreso de los Diputados, que ocupaba cuando murió, y su ingreso en la Real Academia Española en 1870 con un discurso sobre Calderón

Sus sonetos, publicados póstumamente, que conservaron una obra de amor y de duda que en vida mantuvo aparte de su carrera pública

Sus poemas