Al oído
Déjame penetrar por este oído,
camino de mi bien el más derecho,
y en el rincón más hondo de tu pecho
deja que labre mi amoroso nido.
Feliz eternamente y escondido,
viviré de ocuparlo satisfecho...
¡De tantos mundos como Dios ha hecho,
este espacio no más a Dios le pido!
Yo no codicio fama dilatada,
ni el aplauso que sigue a la victoria,
ni la gloria de tantos codiciada...
Quiero cifrar mi fama en tu memoria;
quiero encontrar mi aplauso en tu mirada;
y en tus brazos de amor toda mi gloria.
Más sobre el poema
Un hombre le pide a una mujer que lo deje entrar por su oído, llegar hasta el fondo de su pecho y quedarse a vivir ahí. Después enumera lo que está dispuesto a cambiar por eso: no quiere fama, ni aplauso después de una victoria, ni gloria. Los quiere, pero los quiere en ella.
La imagen del principio es la que descoloca, porque es física y rara: no pide que lo quiera, pide permiso para meterse por un conducto del cuerpo y construir. «Labrar un nido» es hacerlo, fabricarlo. Está pidiendo entrar por donde entran las palabras —el oído es «camino de mi bien el más derecho», o sea el camino más corto hacia lo que quiere— y quedarse dentro. El poema no vuelve a explicarlo y hay que aceptarlo tal cual para leer el resto.
Los tres últimos versos son el poema, y solo se entienden del todo sabiendo quién los escribió. Fama, aplauso y gloria no son palabras abstractas para López de Ayala: era dramaturgo de éxito y político de carrera, vivía literalmente del aplauso en un teatro y de la gloria en un Congreso. Al decir «quiero cifrar mi fama en tu memoria; / quiero encontrar mi aplauso en tu mirada», está cambiando las tres cosas de las que vivía por una sola persona.
«Cifrar» aquí es poner o concentrar algo en un solo lugar, no escribir en clave. Y «dilatada» quiere decir extensa, amplia: la «fama dilatada» que dice no codiciar es la que se extiende por todas partes, que era exactamente la que él tenía.
El verso octavo es el que más se cita y conviene leerlo despacio: «De tantos mundos como Dios ha hecho, / este espacio no más a Dios le pido». En escancia dejaría todos los mundos que Dios ha hecho por un espacio en su corazón.
Es un soneto y aprovecha su forma con exactitud: los ocho primeros versos son la petición y los seis últimos son la renuncia, que es la división para la que el molde está hecho. No se sabe a quién va dirigido. López de Ayala no publicó estos poemas en vida y se recogieron después de su muerte, así que el nombre, si lo hubo, no llegó.