Rima LXIII
Gustavo Adolfo Bécquer ›Como enjambre de abejas irritadas,
De un oscuro rincón de la memoria
Salen á perseguirme los recuerdos
De las pasadas horas.
Yo los quiero ahuyentar. ¡Esfuerzo inútil!
Me rodean, me acosan,
Y unos tras otros á clavarme vienen
El agudo aguijón que el alma encona.
Sobre el poema
Ocho versos y una sola comparación sostenida. Los recuerdos de las horas pasadas salen de un rincón oscuro de la memoria como un enjambre de abejas irritadas y se ponen a perseguirlo. Él quiere espantarlos y no puede: lo rodean, lo acosan, y uno tras otro le van clavando el aguijón que le envenena el alma.
En este caso se usa la metáfora de las abejas para dar a entender lo abrumador y punzante que es el pasado cuando se vuelve contra uno mismo. Los recuerdos no regresan como una nostalgia pacífica, sino como una fuerza violenta y organizada que rompe el control del poeta. Al igual que un ataque de abejas, los pensamientos se vuelven inmanejables por su cantidad y su insistencia.
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«De un oscuro rincón de la memoria» es lo único que sitúa la escena, y sitúa el enjambre dentro de la cabeza. El detalle de que salgan de un rincón, y no de todas partes, dice que estaban guardados en un sitio concreto y escondido, quizás una memoria reprimida.
«Encona», del verbo enconar, es lo que se le hace a una herida cuando se infecta y se inflama: el aguijón no solo pincha, deja el alma envenenada.
Es de las rimas del último tramo del libro de Bécquer. Lo que describe no es un recuerdo sino el estado de ser recordado por la fuerza, sin poder elegir.
Son ocho versos, los pares más cortos que los impares, con rima de oído solo en los pares y siempre la misma, en «o-a»: memoria, horas, acosan, encona. Que esa rima sea suave y sorda, en un poema de picaduras, es lo que le da el tono de algo que ocurre por dentro y en silencio.
El siguiente
Rima I
Pudiera, al oirlo, cantártelo á solas.