Rima LX
Gustavo Adolfo Bécquer ›Mi vida es un erial;
Flor que toco se deshoja;
Que en mi camino fatal,
Alguien va sembrando el mal
Para que yo lo recoja.
Sobre el poema
Ese «alguien» del verso 3 es lo único que hay que resolver y el poema no lo resuelve. No dice Dios, no dice el destino, no dice una persona. Lo deja en un pronombre, y ese pronombre sin cara es lo que hace que el poema incomode.
La imagen es de labranza entera y por eso encaja: un erial es un terreno que nadie cultiva y donde no crece nada; siguiendo esta metáfora se usan sembrar y recoger que son las dos operaciones del campo. El poema dice que a él le han preparado la siembra para que le toque la cosecha, y que la cosecha es el mal.
Seguir leyendo
«Erial» es tierra sin cultivar, abandonada, no un desierto. Y «se deshoja», aplicado a la flor, es que pierde los pétalos uno a uno: no se seca de golpe, se deshace mientras la tocan.
Es una de las rimas más breves del libro de Bécquer y de las más sombrías. No hay mujer, no hay amor y no hay recuerdo: solo una queja contra algo que no se nombra. Se ha leído en clave religiosa, como reproche a Dios, y también como pura mala suerte; el poema no lo aclara.
Son cinco versos cortos y parejos con una rima de verdad muy cerrada: erial, fatal y mal riman entre sí, y deshoja con recoja. Que tres de los cinco versos terminen en la misma sílaba aguda, y que el último cierre con el verbo «recoja», deja el poema sonando a sentencia dictada.
El siguiente
Rima I
Pudiera, al oirlo, cantártelo á solas.