Rima LVIII
Gustavo Adolfo Bécquer ›¿Quieres que de ese néctar delicioso
No te amargue la hez?
Pues aspírale, acércale á tus labios,
Y déjale después.
¿Quieres que conservemos una dulce
Memoria de este amor?
Pues amémonos hoy mucho, y mañana
Digámonos ¡adiós!
Sobre el poema
La idea de este poema es simple: así como para no arruinarnos la bebida la dejamos antes del último trago amargo, dejemos este amor antes de que termine mal.
La hez es la palabra que sostiene la primera mitad del poema y hoy casi no se usa: es lo que queda en el fondo de una copa, y es siempre lo más amargo. El consejo entonces es concreto: no te acabes la copa y así no arruinarás el sabor delicioso que te dejó. La segunda mitad aplica esa misma regla al amor, sin cambiar nada del razonamiento.
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El poema no es una despedida sino una propuesta, y ahí está su rareza dentro del libro. No dice que se acabó: dice acabémoslo nosotros, ahora, mientras todavía es bueno. Todo el tramo del desengaño del poemario de Bécquer está lleno de amores que terminaron mal; éste propone terminar bien a propósito.
Es de las rimas más frías de su libro y de las que peor encajan con la imagen corriente de Bécquer como poeta del amor absoluto. Se ha leído como cinismo y también como una forma de proteger lo único que va a quedar, que es el recuerdo; el poema no deja claro desde cuál de las dos posiciones habla.
Son dos estrofas de cuatro versos, con el segundo y el cuarto mucho más cortos, y una rima de oído solo en esos versos cortos, aguda, que cambia de estrofa: hez y después, amor y adiós. Que las dos palabras finales de cada mitad sean «después» y «adiós» —las dos de despedida— es lo que hace que la propuesta suene a decisión ya tomada.
El siguiente
Rima I
Pudiera, al oirlo, cantártelo á solas.