Rima LVII
Gustavo Adolfo Bécquer ›Este armazón de huesos y pellejo,
De pasear una cabeza loca
Cansado se halla al fin, y no lo extraño;
Pues, aunque es la verdad que no soy viejo,
De la parte de vida que me toca
En la vida del mundo, por mi daño
He hecho un uso tal, que juraría
Que he condensado un siglo en cada día.
Así, aunque ahora muriera,
No podría decir que no he vivido;
Que el sayo, al parecer nuevo por fuera,
Conozco que por dentro ha envejecido.
Ha envejecido, sí; ¡pese á mi estrella!
Harto lo dice ya mi afán doliente;
Que hay dolor que al pasar, su horrible huella
Graba en el corazón, si no en la frente.
Sobre el poema
Habla de su propio cuerpo como si fuera un objeto ajeno: este armazón de huesos y pellejo está cansado de pasear una cabeza loca, y no le extraña. Dice que aunque no es viejo, ha hecho tal uso de la parte de vida que le tocaba que juraría haber condensado un siglo en cada día. Por eso, si muriera ahora, no podría decir que no ha vivido: el sayo parece nuevo por fuera y por dentro está gastado. Y remata diciendo que hay dolores que dejan su huella grabada en el corazón, aunque no en la cara.
«Cabeza loca» es la clave y no significa que estuviera enfermo de la cabeza. Quiere decir alocada, sin juicio, de las que se meten en todo: el cuerpo está cansado de cargar con las decisiones que ha tomado la cabeza. El poema reparte la culpa entre las dos partes de una misma persona.
Seguir leyendo
El sayo es una prenda larga y holgada que se usaba encima de la ropa; aquí es el cuerpo, visto como el traje que uno lleva puesto. La comparación sirve para lo que sigue: por fuera parece nuevo, por dentro está raído, y nadie lo sabe salvo el que lo lleva.
«Pese a mi estrella» es una queja contra el destino: la estrella era el signo bajo el que uno nacía y que decidía su suerte. Y «afán doliente» es un esfuerzo que duele.
Es de las rimas menos amorosas del libro de Bécquer —no aparece ninguna mujer— y de las más directamente autobiográficas en el tono, aunque no dé un solo dato.
Es de las pocas rimas escritas en versos largos y todos parejos de Bécquer, con rima de verdad y no de oído: viejo con pellejo, loca con toca, daño con extraño, y las dos últimas estrofas atadas de dos en dos. Esa regularidad, distinta de casi todo el libro, le da un aire de reflexión escrita y no de arrebato, que es justamente lo que el poema es.
El siguiente
Rima I
Pudiera, al oirlo, cantártelo á solas.