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Rima LV

Gustavo Adolfo Bécquer ›

Entre el discorde estruendo de la orgía

Acarició mi oído,

Como nota de música lejana,

El eco de un suspiro.

El eco de un suspiro que conozco,

Formado de un aliento que he bebido,

Perfume de una flor, que oculta crece

En un claustro sombrío.

Mi adorada de un día, cariñosa,

—¿En que piensas? me dijo..

—En nada...—¿En nada, y lloras?—Es que tengo

Alegre la tristeza y triste el vino.

Sobre el poema

Hay ruido que lo tapa todo menos una cosa. Bécquer se pone en mitad de una fiesta, con el estruendo encima, y lo único que alcanza a oír es un suspiro que no está sonando en esa sala.

La atención no funciona como creemos. No oímos lo que suena más fuerte: oímos lo que veníamos esperando oír. Por eso una madre dormida no se despierta con la tormenta y sí con un quejido en el cuarto de al lado.

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Con la gente que nos falta pasa igual. Uno cree que una ausencia es silencio, y es justo lo contrario: es una señal encendida que se cuela por encima de todo lo demás. No estar resulta ser una manera bastante ruidosa de seguir estando.

Y ahí está la trampa de acompañarse con cualquiera para no pensar en alguien. La fiesta no tapa nada. Pone un fondo, y contra ese fondo se oye más nítido lo único que uno quería dejar de escuchar.

Al final del día, la soledad más incómoda no es la de estar solo. Es la de estar acompañado y que la única persona presente en tu cabeza no esté en la habitación.

«Orgía» significaba entonces algo distinto de lo que evoca hoy. La palabra viene de los ritos griegos en honor de Dioniso, el dios del vino, y durante siglos sirvió en español para nombrar un banquete ruidoso, con mucha bebida y poco orden, sin que implicara nada sexual. El primer verso entonces diría algo como «entre el ruido desordenado de la fiesta». Leerlo con el sentido de ahora cambia por completo el tipo de noche que se está describiendo.

El verso final está construido con una figura que tiene nombre desde la Antigüedad: el quiasmo, que consiste en cruzar los términos de dos parejas. Lo esperable sería «triste la tristeza y alegre el vino»; lo que dice es «alegre la tristeza y triste el vino». Los adjetivos están intercambiados a propósito.

Doce versos en tres estrofas de cuatro, alternando largos de once o doce sílabas con cortos de seis o siete. Riman de oído los versos pares con las mismas vocales de principio a fin: oído, suspiro, bebido, sombrío, dijo, vino. La tercera estrofa rompe el tono sin cambiar la forma: entran guiones y dos voces, y el poema pasa de descripción a conversación en un solo verso. La última frase cae justo sobre la rima que lleva sonando desde el principio.

El siguiente

Rima I

Pudiera, al oirlo, cantártelo á solas.

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