Poetario
Retrato de Ángel de Saavedra, duque de Rivas
Gabriel Maureta Aracil (1832-1912), copia del original de Federico de Madrazo, hacia 1881, Museo del Prado

Ángel de Saavedra, duque de Rivas

1791–1865 · España · Nació en Córdoba, España · Murió en Madrid, España · Poeta, Dramaturgo, Político, Militar, Pintor

Semblanza

Ángel de Saavedra nació en Córdoba en 1791, en una familia de la más alta nobleza, y peleó de joven contra los franceses: en la batalla de Ocaña, en 1809, lo dejaron por muerto con once heridas. Fue diputado liberal, lo condenaron a muerte en ausencia y pasó once años desterrado en Malta, Francia e Inglaterra. Ahí, leyendo a los ingleses, se volvió romántico.

Al heredar el título de duque de Rivas y poder volver, estrenó en 1835 «Don Álvaro o la fuerza del sino», la obra con la que el romanticismo entró en el teatro español. Después se hizo conservador, fue ministro, embajador y presidente de la Real Academia Española. Murió en Madrid en 1865.

Vida

Nació el 10 de marzo de 1791 en Córdoba, hijo del duque de Rivas. Se educó como noble y entró al ejército. En noviembre de 1809, con dieciocho años, peleó en la batalla de Ocaña contra las tropas de Napoleón: recibió once heridas y lo dieron por muerto en el campo.

Sobrevivió y se metió en política del lado liberal. Fue diputado en las Cortes durante el Trienio Liberal (1820-1823), los tres años en que España tuvo constitución antes de que Fernando VII la anulara otra vez. Cuando el rey recuperó el poder absoluto, condenaron a Saavedra a muerte en ausencia y le confiscaron los bienes.

Pasó once años fuera: Gibraltar, Londres, Malta, Francia. En Malta trató al inglés John Hookham Frere, que le puso en las manos a Shakespeare, a Byron y a Walter Scott. De ese destierro volvió convertido en otra cosa: había salido siendo un poeta neoclásico correcto y volvió romántico.

En 1834 murió Fernando VII, se amnistió a los desterrados y él heredó el título de duque de Rivas al morir su hermano. Al año siguiente, el 22 de marzo de 1835, estrenó en Madrid «Don Álvaro o la fuerza del sino»: una obra que mezcla verso y prosa, tragedia y escenas de taberna, y donde el protagonista es arrastrado por un destino que no puede torcer. El estreno fue el escándalo que puso el romanticismo en el teatro español, y años después Verdi la convirtió en la ópera «La forza del destino».

De ahí en adelante su política se movió a la derecha. Fue ministro de la Gobernación, embajador en Nápoles, en Francia y en Florencia, senador, y presidente de la Real Academia Española desde 1862. El revolucionario condenado a muerte terminó siendo uno de los hombres del orden.

Como poeta, el duque de Rivas transitó desde un neoclasicismo correcto hacia un romanticismo pleno y colorista. Su obra cumbre en este género son los Romances históricos (1841), una colección de poemas narrativos donde recuperó los versos tradicionales en octosílabos para evocar con gran fuerza visual y sentimental las leyendas y glorias del pasado de España.

En su madurez, combinó las letras con su pasión por las artes plásticas, dejando una notable obra pictórica que aún se conserva. Falleció en Madrid el 22 de junio de 1865, convertido en una de las figuras más respetadas y completas de la cultura española de su siglo.

Su tiempo

Su juventud es la Guerra de la Independencia (1808-1814), cuando Napoleón invadió España y puso a su hermano en el trono. Ocaña, donde estuvo a punto de morir, fue una de las derrotas más duras del ejército español. Toda su generación se formó en esa guerra y salió de ella convencida de que España tenía que cambiar. Sin embargo, ese mismo conflicto partió al país en dos y enfrentó al duque de Rivas con la generación anterior, la de Juan Meléndez Valdés. Mientras el joven Saavedra se desangraba en el campo de batalla contra el invasor, Meléndez Valdés, que ya era un viejo poeta neoclásico y magistrado, vio en los franceses la única oportunidad de modernizar una España atrasada.

Lo que vino después fue el vaivén entre absolutismo y liberalismo: la Constitución de 1812, la vuelta de Fernando VII y su represión, el Trienio Liberal de 1820, la nueva represión de 1823 y la amnistía de 1834. Rivas pasó por todas esas fases, y la condena a muerte y el destierro no son un accidente de su biografía sino lo normal para un liberal de su clase en esos años.

El destierro es lo que trajo el romanticismo a España. Los liberales que huyeron a Londres, a París y a Malta leyeron ahí a Byron, a Scott y a Shakespeare, y al volver en 1834 trajeron esas lecturas con ellos. Entre ellos el duque de Rivas

El teatro de Madrid en 1835 seguía funcionando con las reglas neoclásicas —una acción, un lugar, un día, y no mezclar lo trágico con lo cómico—. «Don Álvaro» las rompió todas a la vez y de forma deliberada. Que el escándalo lo provocara un duque, y no un joven sin nada que perder, es parte de por qué funcionó.

Logros

«Don Álvaro o la fuerza del sino» (1835), la obra con la que el romanticismo entró en el teatro español, y de la que Verdi hizo después la ópera «La forza del destino»

Los «Romances históricos» (1841), que rescataron el metro del romance viejo para contar episodios de la historia de España

«El moro expósito» (1834), poema narrativo largo escrito en el destierro, con el prólogo de Antonio Alcalá Galiano que sirvió de manifiesto del romanticismo español

Su carrera política completa: diputado en el Trienio Liberal, condenado a muerte en ausencia, y después ministro, embajador y senador

La presidencia de la Real Academia Española desde 1862 hasta su muerte

Una obra de pintura que se conserva, hecha en paralelo a la literaria durante toda su vida

Sus poemas