Poetario

A Lucianela

Ángel de Saavedra, duque de Rivas

Cuando, al compás del bandolín sonoro

y del crótalo ronco, Lucianela,

bailando la gallarda tarantela,

ostenta de sus gracias el tesoro;

y, conservando el natural decoro,

gira y su falda con recato vuela,

vale más el listón de su chinela

que del rico Perú las minas de oro.

¡Cómo late tu seno! ¡Cuán gallardo

su talle ondea! ¡Qué celeste llama

lanzan los negros ojos brilladores!

¡Ay! Yo en su fuego me consumo y ardo,

y en alta voz mi labio la proclama

de las gracias deidad, reina de amores.

Más sobre el poema

Un hombre mira bailar a una mujer llamada Lucianela y describe lo que ve: ella baila una tarantela al son de un instrumento de cuerda y unas castañuelas, gira, la falda vuela sin que ella pierda la compostura. Luego el poema se enciende: le late el pecho, el talle se mueve, los ojos negros echan llamas, y él termina declarándola reina de amores.

La comparación del octavo verso es la que se cita y conviene entenderla bien: «vale más el listón de su chinela / que del rico Perú las minas de oro». La chinela es una zapatilla ligera y el listón es la cinta que la sujeta. Está diciendo que la cinta del zapato de ella vale más que todo el oro de América. En su época esa comparación no era abstracta: el oro del Perú era lo que se nombraba para decir «toda la riqueza que existe».

«La gallarda tarantela» puede confundir. La tarantela es un baile popular del sur de Italia, rápido y de vueltas; «gallarda» aquí es un adjetivo —airosa— y no el nombre de otro baile, aunque exista una danza antigua llamada así. Y el «crótalo ronco» son las castañuelas.

Hay un detalle que dice mucho de la época: el poema se cuida de aclarar que ella baila «conservando el natural decoro» y que la falda vuela «con recato». Es decir, avisa de que la escena es admirable y no indecente, justo antes de dedicar los seis últimos versos a describir cómo le late el pecho y cómo arde él mirándola.

Lucianela e Italia van juntas por una razón biográfica: el duque de Rivas pasó once años desterrado, y buena parte de ellos en Malta y en Italia, adonde volvió después como embajador en Nápoles. El baile que describe lo vio; el nombre de ella es italiano.

Es un soneto, y aprovecha su corte: los ocho primeros versos describen desde fuera, con calma, y los seis últimos son exclamaciones seguidas. El cambio de temperatura ocurre exactamente en el verso nueve, que es donde el molde lo pide.

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