No me pidas una flor
No me pidas una flor,
que en el jardín y el vergel
eres tú la flor mejor.
A mí -tu firme cantor-
pídeme laude y rondel;
no me pidas una flor.
Por tu aroma y tu color;
venciendo a rosa y clavel,
eres tú la flor mejor.
Diosa, pídeme el loor;
reina, pídeme el dosel,
no me pidas una flor.
Para dar sabor y olor
a los panales de miel,
eres tú la flor mejor.
Pídeme siempre el amor
y la constancia más fiel;
no me pidas una flor:
eres tú la flor mejor.
Más sobre el poema
Ella le ha pedido una flor y el poema entero es la negativa. El argumento es que regalarle una flor no tiene sentido porque ella es mejor flor que cualquiera del jardín. En lugar de eso le ofrece otras cosas: poemas, alabanza, y al final lo único que de verdad quiere darle, que es amor y fidelidad. Termina donde empezó, repitiendo que ella es la flor mejor.
Viene rotulado como villanela y está armado sobre dos versos que vuelven por turnos: «no me pidas una flor» y «eres tú la flor mejor». Van alternándose hasta el final, donde aparecen los dos seguidos y cierran. Si se lee esperando que el poema avance como una historia, la repetición estorba; si se lee sabiendo que es el mecanismo, es lo que lo sostiene.
Hay un guiño que solo se ve conociendo al autor. Cuando dice «pídeme laude y rondel», está nombrando dos tipos de poema —el laude italiano y el rondel francés— que son exactamente los moldes que él se dedicó a importar al castellano. Es decir: le está ofreciendo a ella su propio proyecto literario.
«Dosel» es el techo de tela que va sobre un trono, así que «reina, pídeme el dosel» significa pídeme que te trate como reina. «Vergel» es un huerto con flores y árboles, algo más cuidado que un jardín silvestre. «Loor» es alabanza. Las dos son palabras de poesía antigua que González Prada usa a propósito, porque la forma que está imitando también es antigua.
El poema no nombra a nadie ni da una sola seña de quién es ella. Eso lo vuelve fácil de dedicar, y probablemente no es casualidad: los poemas de «Exóticas» están escritos como ejercicios de forma, no como cartas, y las mujeres que aparecen en ellos no tienen biografía.
Se publicó en «Exóticas» (Lima, 1911). Conviene la advertencia de siempre con este autor: quien lo conozca por el peruano que dijo «los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra» y escribió contra el clero y el ejército, no va a reconocerlo aquí. Los dos González Prada son el mismo hombre en distintas épocas de su vida.