Poetario

Adónde vas tan hermosa

Manuel González Prada

¿Adónde vas tan hermosa,

con beldad tan sobrehumana,

que pareces una diosa?

Por la campiña olorosa,

bajo el Sol de la mañana

¿Adónde vas tan hermosa?

Irradiación tan gloriosa

de tus pupilas emana

que pareces una diosa.

Con pie que vuela y no posa,

igualándote con Diana

¿Adónde vas tan hermosa?

Picaflor y mariposa

te repiten: -«Salve, hermana,

que pareces una diosa».

Todo ser y toda cosa

te preguntan: -«Soberana

¿Adónde vas tan hermosa?

Fuera alabanza injuriosa

llamarte reina o sultana,

que pareces una diosa.

Con esos labios de rosa,

con ese talle de liana

¿Adónde vas tan hermosa

que pareces una diosa?

Más sobre el poema

Una mujer camina por el campo bajo el sol de la mañana y el poema le hace, una y otra vez, la misma pregunta: adónde va. No hay respuesta, no hay historia y no pasa nada más. Lo que el poema hace es acumular maneras de decir que es hermosa —parece una diosa, camina como si no pisara, tiene labios de rosa y el talle flexible— y sumar testigos: primero él, después el picaflor y la mariposa, y al final «todo ser y toda cosa».

La repetición es el punto donde el lector cree que hay un error de imprenta, y no lo hay. Dos versos —«¿Adónde vas tan hermosa?» y «que pareces una diosa»— vuelven alternándose a lo largo de todo el poema, y al final aparecen juntos, uno detrás del otro, cerrándolo. Están puestos así a propósito: la forma consiste exactamente en eso, en que dos versos regresen en un orden fijo hasta juntarse en el remate.

El poema viene rotulado como villanela, y ese rótulo es la mitad de por qué existe. La villanela es una forma francesa, y González Prada se dedicó a traer al castellano moldes de verso que el idioma no tenía —de Francia, de Italia y hasta de Persia por versiones inglesas— y a probarlos una y otra vez. «Exóticas», el libro de 1911 donde está este poema, es ese catálogo. Así que se puede leer de dos maneras: como un piropo, y como una demostración técnica de que la villanela funciona en español.

Cuatro palabras que conviene tener a mano. «Beldad» es belleza. «Talle de liana» quiere decir cintura flexible, comparada con el bejuco que trepa por los árboles, y es una imagen tropical deliberada. Y «Diana» es la diosa romana de la caza, que andaba por los bosques: por eso la comparación va con el modo de caminar y no con la cara.

Hay un detalle que se pierde si uno no lo nota: en el poema nadie contesta. Se le pregunta cuatro veces adónde va y ella no dice una palabra, no se detiene y no se sabe quién es. El poema no la trata como interlocutora sino como algo que pasa, igual que pasa la mañana. Se ha leído como celebración pura y también como distancia; el poema no lo aclara.

Está en «Exóticas», publicado en Lima en 1911, cuando su autor tenía sesenta y siete años y llevaba décadas siendo conocido en el Perú por otra cosa completamente distinta: por sus discursos y panfletos contra la Iglesia, el ejército y los terratenientes. Los libros de poemas son de su vejez y no se parecen en nada a su prosa.

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