Poetario

Rima XXIX

Gustavo Adolfo Bécquer

Sobre la falda tenía

El libro abierto;

En mi mejilla tocaban

Sus rizos negros;

No veíamos las letras

Ninguno, creo;

Mas guardábamos ambos

Hondo silencio.

¿Cuanto duró? Ni aun entonces

Pude saberlo;

Sólo sé que no se oía

Más que el aliento,

Que apresurado escapaba

Del labio seco.

Sólo sé que nos volvimos

Los dos á un tiempo,

Y nuestros ojos se hallaron,

Y sonó un beso.

. . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . .

Creación de Dante era el libro,

Era su Infierno.

Cuando á él bajamos los ojos,

Yo dije trémulo:

¿Comprendes ya que un poema

Cabe en un verso?

Y ella respondió encendida:

—¡Ya lo comprendo!

Más sobre el poema

Dos personas comparten un libro abierto sobre la falda de ella. Están tan cerca que a él le tocan los rizos de ella en la mejilla. Ninguno lee. Se quedan callados un rato que no sabe cuánto duró, hasta que los dos levantan la vista al mismo tiempo, se encuentran los ojos y suena un beso. Después el poema dice qué libro era: el «Infierno» de Dante.

Ese dato del final no es un adorno: el poema está reescribiendo una escena famosa que está adentro de ese libro. En el canto V del «Infierno», Dante se encuentra con Paolo y Francesca, dos amantes condenados, y ella le cuenta cómo empezó todo: estaban leyendo juntos un libro de amores, llegaron a la parte del beso, se miraron y «aquel día no leímos más». Bécquer pone a su pareja a hacer exactamente lo mismo mientras leen ese pasaje. La diferencia es la que importa: en Dante los dos están en el infierno por eso, y aquí no pasa nada malo.

Las dos líneas de puntos en medio del poema son de Bécquer, no un defecto de la copia. Ocupan el lugar de lo que no se cuenta, entre el beso y el momento en que vuelven a bajar los ojos al libro. Cuánto tiempo pasa ahí y qué ocurre es asunto del lector.

El final es un diálogo, y eso es raro en las «Rimas», donde ella casi nunca contesta. Él le pregunta si entiende ya que un poema entero cabe en un solo verso, y ella responde «¡Ya lo comprendo!». Lo que está diciendo él es que ese verso de Dante —el del beso— vale por un libro; lo que está admitiendo ella es que acaba de comprobarlo. Los dos hablan de literatura y de otra cosa al mismo tiempo.

Hay una palabra que cambia el tono si se lee mal: «trémulo» es tembloroso, y describe cómo habla él, no cómo se siente ella.

Son versos cortos que alternan uno largo y uno breve, lo que le da un paso entrecortado, como de alguien contando algo que le cuesta. Se publicó dentro del grupo de poemas de amor correspondido de Bécquer —el tramo que va de la rima XII a la XXIX en la ordenación que hicieron sus amigos en 1871—, y es el último de ese tramo: después empiezan los del desengaño.

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