Poetario

Rima XXIII

Gustavo Adolfo Bécquer

Por una mirada, un mundo;

Por una sonrisa, un cielo;

Por un beso... ¡yo no sé

Qué te diera por un beso!

Más sobre el poema

Cuatro versos que arman una balanza. Por una mirada de ella daría un mundo; por una sonrisa, un cielo; y por un beso —ahí se detiene— no sabe qué daría. Eso es el poema completo.

Lo que hay que ver es la ruptura del final, porque es donde está todo. Los dos primeros versos siguen un patrón exacto: una cosa pequeña de ella a cambio de una cosa enorme. El lector aprende el patrón en dos versos y espera el tercer intercambio. Lo que llega en su lugar es una confesión de que se le acabó la escala: «por un beso... ¡yo no sé / qué te diera por un beso!». Al no poder nombrar nada más grande que un cielo, deja el espacio vacío, y ese vacío es la manera de decir que el beso vale más que las dos cosas anteriores juntas.

El orden tampoco es casual. Mirada, sonrisa y beso van de menos a más contacto, y mundo y cielo van de menos a más en lo que él ofrece. Las dos escalas suben al mismo tiempo hasta que la segunda se queda sin peldaño.

No hay una sola palabra difícil ni una imagen que descifrar, y eso es raro en la poesía de su momento, que solía adornar. Aquí no hay adjetivos: solo sustantivos y una cuenta.

Los puntos suspensivos y el signo de exclamación son de Bécquer y hacen el trabajo del titubeo. El poema se sostiene sobre una pausa: quien lo lea de corrido, sin detenerse después de «por un beso», lo desarma.

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