Rima XX
Sabe, si alguna vez tus labios rojos
Quema invisible atmósfera abrasada,
Que el alma que hablar puede con los ojos,
También puede besar con la mirada.
Más sobre el poema
Cuatro versos con una sola idea: si alguna vez sientes que se te queman los labios sin que nadie te haya tocado, entiende que fui yo mirándote. El poema le está avisando de algo que va a ocurrirle, no contando algo que ocurrió.
La dificultad es de gramática, no de sentido, y tropieza casi todo el mundo. El segundo verso dice «quema invisible atmósfera abrasada», y el sujeto de «quema» es «atmósfera», que va después del verbo. Puesto en orden normal: si alguna vez una atmósfera invisible y ardiente te quema los labios rojos, sabe que… Bécquer altera el orden para que la palabra «quema» caiga al principio del verso.
Lo que propone es una idea concreta y no una galantería: que la mirada toca. El poema lo dice en dos pasos —«el alma que hablar puede con los ojos, / también puede besar con la mirada»— y el primer paso es el que sostiene al segundo: si se admite que con los ojos se habla, hay que admitir que con los ojos se besa.
«Abrasada» es quemada, ardiente; no tiene que ver con abrazar, aunque se le parezca. Es la confusión más fácil de este poema y cambia por completo lo que se entiende.
Cuatro versos largos, todos del mismo tamaño, rimando alternados. A diferencia de otras rimas suyas, aquí no hay verso corto final: el poema cierra a plena longitud, con el peso puesto en la última palabra, «mirada».