Poetario

Rima XVIII

Gustavo Adolfo Bécquer

Fatigada del baile,

Encendido el color, breve el aliento,

Apoyada en mi brazo,

Del salón se detuvo en un extremo.

Entre la leve gasa

Que levantaba el palpitante seno,

Una flor se mecía

En compasado y dulce movimiento.

Como en cuna de nácar

Que empuja el mar y que acaricia el céfiro,

Tal vez allí dormía

Al soplo de sus labios entreabiertos.

—¡Oh! ¿Quién así, pensaba,

Dejar pudiera deslizarse el tiempo?

¡Oh, si las flores duermen,

Qué dulcísimo sueño!

Más sobre el poema

Están en un baile. Ella se ha cansado, tiene la cara encendida y le falta el aire, y se detiene en un extremo del salón apoyada en el brazo de él. Eso es todo lo que ocurre. Los doce versos restantes se van en describir una flor que ella lleva en el pecho y que sube y baja con su respiración.

Quien lea esperando que pase algo va a quedarse esperando. El poema está construido justamente para no avanzar: se detiene en el instante en que ella se detiene, y el único movimiento que admite es el de la flor. El deseo que expresa tampoco es de tocarla ni de hablarle, sino de que el tiempo no siga —«¿Quién así, pensaba, / dejar pudiera deslizarse el tiempo?»—.

La imagen central pide una aclaración. La flor «en cuna de nácar / que empuja el mar y que acaricia el céfiro» compara el pecho de ella con una cuna mecida por el mar: el nácar es el interior brillante de la concha, y el céfiro es el viento del oeste, suave. Es decir, la flor está durmiendo mecida por la respiración, y de ahí sale el último verso.

Una palabras más: «gasa» es una tela delgada y transparente, la del vestido. «Breve el aliento» quiere decir que respira corto, que está sin aire de tanto bailar, no que suspire.

El final es raro y es lo mejor del poema: no cierra sobre ella sino sobre la flor. «Oh, si las flores duermen, / qué dulcísimo sueño», dejando a entender que le gustaría estar en el lugar de l flor. Todo el poema ha sido una manera de mirarla sin decir que la mira.

Son cuatro estrofas de cuatro versos que alternan largos y cortos, y el último verso del poema es más corto que los demás, con lo que la escena se apaga en vez de terminar. Ese corte final es una firma de Bécquer: aparece igual en muchas de sus rimas.

Rima XVIII · Gustavo Adolfo Bécquer · Poetario