Poetario

Rima XVII

Gustavo Adolfo Bécquer

Hoy la tierra y los cielos me sonríen,

Hoy llega al fondo de mi alma el sol;

Hoy la he visto... la he visto y me ha mirado...

¡Hoy creo en Dios!

Más sobre el poema

Cuatro versos. Un hombre dice que hoy la tierra y el cielo le sonríen, que hoy le entró el sol hasta el fondo, que hoy la vio y ella lo miró, y que hoy cree en Dios. El poema entero es la reacción a un hecho mínimo que se nombra de pasada en el tercer verso: se cruzaron las miradas.

Ahí está lo que hay que entender, porque es fácil pasarlo por alto. El poema no cuenta nada: dedica tres de sus cuatro versos a las consecuencias y le da al hecho medio verso, escondido entre puntos suspensivos —«hoy la he visto... la he visto y me ha mirado...»—. La desproporción es el poema. No se explica quién es ella, ni dónde ocurrió, ni qué pasó después.

El último verso descoloca y conviene desactivarlo: «¡Hoy creo en Dios!» no está anunciando una conversión religiosa. Es la manera de medir la alegría, poniéndola en la escala más alta que tenía a mano. Se ha leído también al revés, como una confesión de que solo cree en Dios los días en que ella lo mira, es decir, casi nunca. El poema no lo aclara, y las dos lecturas caben en cuatro versos.

La repetición de «hoy» al principio de cada verso es todo el mecanismo. Cuatro veces la misma palabra en el mismo lugar hace que el poema suene a alguien que insiste, y encierra la felicidad dentro de un solo día: no dice que sea feliz, dice que hoy lo es.

Es de los poemas más cortos del libro y de los más citados. El cuarto verso es notoriamente más corto que los otros tres, y esa caída seca es lo que lo vuelve recordable: el poema se acaba antes de que uno esté listo.

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