Poetario

Rima XIII

Gustavo Adolfo Bécquer

Tu pupila es azul, y cuando ríes,

Su claridad suave me recuerda

El trémulo fulgor de la mañana

Que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul, y cuando lloras,

Las trasparentes lágrimas en ella

Se me figuran gotas de rocío

Sobre una violeta.

Tu pupila es azul, y si en su fondo

Como un punto de luz radia una idea,

Me parece en el cielo de la tarde

¡Una perdida estrella!

Más sobre el poema

Tres estrofas que empiezan igual y describen lo mismo en tres estados: el ojo de ella cuando ríe, cuando llora y cuando se le enciende una idea. No hay historia ni destinatario nombrado. Conviene saber de entrada que **no es un poema del todo suyo**: es una imitación declarada. Se publicó el 17 de diciembre de 1859 en la revista madrileña «El Nene» con el título «Imitación de Byron», y copia un poema del inglés lord Byron que empieza «I saw thee weep» —«te vi llorar»—, de sus «Melodías hebreas» de 1815. Fue además el primer poema que Bécquer publicó en su vida.

«Pupila» es la palabra que despista. Hoy nombra el punto negro del centro del ojo, y una pupila no puede ser azul; Bécquer la usa por el ojo entero, o por el iris, que es como se usaba entonces en poesía. Si se lee con el significado de hoy, el primer verso no tiene sentido.

Las tres comparaciones están construidas igual y ese es el trabajo del poema: cada estado del ojo recibe un punto de luz dentro de algo más grande. La risa es el temblor del amanecer reflejado en el mar; el llanto es una gota de rocío sobre una violeta; la idea es una estrella perdida en el cielo de la tarde. De lo más ancho a lo más pequeño y de lo más pequeño a lo más lejano, sin que el poema lo señale.

Lo que Bécquer le cambió a Byron vale la pena: en el poema inglés el que mira va contando lo que sintió, y aquí el que mira desaparece casi por completo. Solo queda «me recuerda», «se me figuran», «me parece». El poema es una manera de mirar, no una declaración.

El molde se oye en seguida: tres estrofas iguales, tres versos largos y uno corto en cada una. Ese cuarto verso más corto es el que cierra —«en el mar se refleja», «sobre una violeta», «¡una perdida estrella!»— y funciona como una caída. Bécquer lo usa en muchas rimas y es una de las cosas que trajo de la poesía alemana traducida que se leía en su momento.

El número romano del título no se lo puso él. Bécquer murió en 1870 dejando sus poemas sueltos en un cuaderno, y al publicarlos en 1871 sus amigos los ordenaron por asunto y los numeraron. Este quedó en el segundo grupo, el de los poemas de amor correspondido, que va de la rima XII a la XXIX.

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