Poetario

Rima LIX

Gustavo Adolfo Bécquer

Yo sé cual el objeto

De tus suspiros es;

Yo conozco la causa de tu dulce

Secreta languidez.

¿Te ríes?... Algún día

Sabrás, niña, por qué;

Tú acaso lo sospechas,

Y yo lo sé.

Yo sé lo que tú sueñas,

Y lo que en sueños ves;

Como en un libro puedo lo que callas

En tu frente leer.

¿Te ríes?... Algún día

Sabrás, niña, por qué;

Tú acaso lo sospechas,

Y yo lo sé.

Yo sé por qué sonríes

Y lloras á la vez:

Yo penetro en los senos misteriosos

De tu alma de mujer.

¿Te ríes?... Algún día

Sabrás, niña, por qué;

Mientras tú sientes mucho y nada sabes,

Yo, que no siento ya, todo lo sé.

Más sobre el poema

Un hombre mayor le habla a una muchacha para decirle que la tiene descifrada. Sabe por qué suspira y de dónde le viene esa languidez; sabe lo que sueña y lo que ve en sueños; le lee en la frente lo que calla y sabe por qué sonríe y llora a la vez. Tres veces le repite lo mismo: «¿Te ríes?... Algún día sabrás, niña, por qué». Y cierra con el verso que le da sentido a todo: mientras ella siente mucho y no sabe nada, él, que ya no siente, lo sabe todo.

El último verso cambia el poema de género. Las tres estrofas suenan a la seducción de alguien que presume de conocerla; el remate confiesa que ese conocimiento se paga con no sentir nada.

Este último verso comúnmente se interpreta como la dolorosa consecuencia de un fracaso amoroso en el pasado del hablante, una herida vieja que lo dejó cínico o incapaz de volver a enamorarse. Es precisamente esta amarga sabiduría, acumulada con los años, la que confirma que el hablante es un hombre maduro y experimentado, alguien que contrasta con la juventud de la muchacha, quien apenas empieza a descubrir el amor y se encuentra confundida por la intensidad de sus propios sentimientos.

El estribillo cambia en la última estrofa y ahí está el aviso. Las dos primeras veces dice «Tú acaso lo sospechas, y yo lo sé»; la tercera sustituye esa línea por la del saber y el sentir. Es el único momento en que la repetición se rompe, y es exactamente donde se revela el sentido.

«Languidez» es decaimiento, falta de fuerzas, y en la literatura de la época se usaba para el estado de quien está enamorado sin saberlo. «Senos misteriosos», en «los senos de tu alma», se refiere a los huecos o cavidades interiores del espíritu, por lo que no tiene un sentido corporal. Y «acaso» aquí significa quizá.

Es de las rimas del último tramo del libro de Bécquer y de las pocas donde hay una diferencia de edad marcada, con la palabra «niña» repetida tres veces.

Son tres estrofas de ocho versos que alternan versos cortos y largos, con rima asonante en los pares que es siempre la misma, aguda, en «é»: es, languidez, por qué, sé, ves, leer, vez, mujer, sé. Que el poema entero caiga doce veces sobre esa misma sílaba, y que la última palabra sea justamente «sé», es lo que hace que la confesión final suene inevitable.

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