Rima LII
Olas gigantes que os rompéis bramando
En las playas desiertas y remotas,
Envuelto entre la sábana de espumas,
Llevadme con vosotras!
Ráfagas de huracán, que arrebatáis
Del alto bosque las marchitas hojas,
Arrastrado en el ciego torbellino,
Llevadme con vosotras!
Nubes de tempestad, que rompe el rayo
Y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
Arrebatado entre la niebla oscura,
Llevadme con vosotras!
Llevadme, por piedad, adonde el vértigo
Con la razón me arranque la memoria...
¡Por piedad!... ¡Tengo miedo de quedarme
Con mi dolor á solas!
Más sobre el poema
Le habla a la tormenta y le pide que se lo lleve. Primero a las olas gigantes que revientan en playas desiertas: que lo lleven envuelto en la espuma. Después a las ráfagas de huracán que arrancan las hojas del bosque: que lo lleven arrastrado en el torbellino. Después a las nubes de tormenta que el rayo rompe: que lo lleven metido en la niebla. Y al final dice para qué: que lo lleven adonde el vértigo le arranque la memoria junto con la razón, porque tiene miedo de quedarse a solas con su dolor.
Las tres primeras estrofas parecen pedir la muerte y no la piden. La última lo aclara: lo que quiere es perder la memoria, y está dispuesto a perder la razón con ella. La diferencia importa, porque cambia el poema de una despedida a una petición de olvido a cualquier precio.
El último verso es el que da vuelta a todo lo anterior. Después de tres estrofas de olas, huracanes y rayos, el miedo que confiesa no es a la tormenta: es a quedarse quieto y callado con lo que tiene dentro.
«Bramando» es rugiendo, como un animal grande. «Orlas» son los bordes de las nubes, y «en fuego ornáis las desprendidas orlas» quiere decir que el rayo les enciende los contornos. Y «vértigo» aquí no es mareo de altura sino un arrebato que hace perder el dominio de uno mismo.
Es una de las rimas más conocidas del libro y de las pocas donde no hay ninguna mujer, ni presente ni nombrada. **Se lee habitualmente en clave biográfica, como el fondo del tramo del desengaño; el poema no menciona a nadie y podría estar hablando de cualquier pérdida.**
Son cuatro estrofas de cuatro versos largos y parejos, y las tres primeras terminan exactamente igual: «¡Llevadme con vosotras!». La rima de oído está en los pares y no cambia nunca, en «o-a»: remotas, vosotras, hojas, vosotras, orlas, vosotras, memoria, solas. Que la cuarta estrofa rompa la repetición y acabe en «solas» —la misma rima, otra palabra— es lo que hace que el final suene a que se quedó sin nadie a quien pedirle nada.