Rima L
Lo que el salvaje que con torpe mano
Hace de un tronco á su capricho un dios,
Y luego ante su obra se arrodilla,
Eso hicimos tú y yo.
Más sobre el poema
Bécquer reflexiona sobre la ilusión y la fragilidad del amor. Compara el enamoramiento con un ritual primitivo donde se crea un ídolo de la nada: el ser humano inventa una ilusión, le da forma real a un fantasma y termina adorándolo sin que sea algo verdadero.
El poema reparte la culpa a partes iguales y esa es su diferencia con casi todo el tramo del desengaño en las «Rimas» de Bécquer. No dice que ella lo engañara ni que él se engañara solo: dice que los dos fabricaron el ídolo y los dos se arrodillaron. El «tú y yo» del último verso es lo único que hay que entender.
La imagen viene de una crítica muy antigua a la idolatría —la de reprochar que alguien adore un objeto hecho por sus propias manos— que está en la Biblia y que la predicación repetía. Bécquer la toma entera y la aplica al amor, sin cambiarle nada.
«Salvaje» aquí no es un insulto sino la palabra que la época usaba para alguien que vive fuera de la civilización; el poema no se está riendo de él. Y «torpe mano» es mano poco hábil, no malintencionada.
Es una de las rimas más breves del libro y de las más duras consigo mismo. No hay imagen amorosa, no hay naturaleza y no hay reproche: solo una comparación y una firma conjunta.
Cuatro versos: tres largos y parejos y un cuarto mucho más corto que los cierra. Riman de oído solo el segundo y el cuarto, agudos, en «ó»: dios y yo. Que las dos palabras que riman sean «dios» y «yo» es lo que hace que el poema no necesite explicar nada más.