Poetario

Rima IV

Gustavo Adolfo Bécquer

No digais que agotado su tesoro,

De asuntos falta, enmudeció la lira:

Podrá no haber poetas; pero siempre

Habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso

Palpiten encendidas;

Mientras el sol las desgarradas nubes

De fuego y oro vista;

Mientras el aire en su regazo lleve

Perfumes y armonías;

Mientras haya en el mundo primavera,

¡Habrá poesía!

Mientras la ciencia á descubrir no alcance

Las fuentes de la vida,

Y en el mar ó en el cielo haya un abismo

Que al cálculo resista;

Mientras la humanidad siempre avanzando

No sepa á do camina;

Mientras haya un misterio para el hombre,

¡Habrá poesía!

Mientras sintamos que se alegra el alma,

Sin que los labios rían;

Mientras se llore sin que el llanto acuda

A nublar la pupila;

Mientras el corazón y la cabeza

Batallando prosigan;

Mientras haya esperanzas y recuerdos,

¡Habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen

Los ojos que los miran;

Mientras responda el labio suspirando

Al labio que suspira;

Mientras sentirse puedan en un beso

Dos almas confundidas;

Mientras exista una mujer hermosa,

¡Habrá poesía!

Más sobre el poema

Alguien ha dicho que la poesía se acabó, que ya no quedan asuntos de qué escribir. El poema le contesta: podrá no haber poetas, pero poesía va a haber siempre. Y para probarlo enumera cuatro terrenos donde la habrá mientras el mundo siga siendo así: la naturaleza, lo que la ciencia no alcanza a explicar, lo que se siente por dentro sin que se note por fuera, y el amor de dos personas.

La palabra «mientras», que se repite dieciséis veces, es la que arma el poema y también donde se atora la lectura. No introduce una condición que pueda fallar: cada «mientras» nombra algo que el poema da por permanente, así que la conclusión —«¡Habrá poesía!»— no está en duda en ningún momento. Es una demostración, no una esperanza.

En el verso 1 la «lira» no es un instrumento de verdad: es la manera de decir «la poesía» que era corriente en la época. «Enmudeció la lira» quiere decir que la poesía se calló, y el poema arranca desmintiendo justamente eso.

Dos giros piden traducción. «Las ondas de la luz al beso palpiten encendidas» describe el agua brillando cuando le da el sol: el beso es el de la luz sobre las olas. Y «no sepa a do camina» es «no sepa adónde va»; «do» por «donde» era normal en verso.

El poema tiene una discusión detrás. Cuando Bécquer escribía, en España se daba por hecho que la poesía romántica —la de los piratas y los verdugos, declamada en voz alta— ya había pasado de moda y que el siglo era de la ciencia y la prosa. Esta rima contesta a esa idea. Que la última estrofa termine en «mientras exista una mujer hermosa» ha incomodado a lectores posteriores, y **se discute si es el remate del argumento o una caída galante que lo rebaja**; el poema no lo aclara.

El vaivén viene de que los versos se turnan: uno largo y uno corto, uno largo y uno corto, y solo riman los cortos, todos con la misma terminación de oído en «í-a» —lira, poesía, encendidas, vista, armonías— de principio a fin. Cada estrofa cierra con el mismo verso, «¡Habrá poesía!», que es corto y rima igual: la repetición está construida para que suene a conclusión cada cuatro pasos.

Rima IV · Gustavo Adolfo Bécquer · Poetario