Poetario

Cristóbal de Castillejo

1490–1550 · España · Nació en Ciudad Rodrigo, Salamanca, España · Murió en Viena, Austria · Poeta, Secretario, Traductor, Monje cisterciense

Semblanza

De muchacho entró a servir al infante Fernando, el hermano menor de Carlos V. Cuando el infante se fue a gobernar Austria, Hungría y Bohemia, Castillejo se fue con él como secretario. Vivió veinticinco años fuera de España, escribiendo las cartas del príncipe en una corte donde casi nadie hablaba castellano.

Ahí escribió su poesía: poemas de amor, sátiras sobre lo mal que se vivía sirviendo a un rey y una burla contra los poetas españoles que habían empezado a escribir como los italianos. Murió en Viena en 1550, endeudado y sin haber publicado nunca un libro suyo. Veintitrés años después alguien juntó sus papeles y los imprimió en Madrid, con los versos que la Inquisición no toleró recortados.

Vida

Nació en Ciudad Rodrigo, cerca de la frontera con Portugal, hacia 1490. El año no es seguro: se propone algún año entre 1490 y 1494. De su familia casi no se sabe nada. Antes de cumplir quince años entró a servir al infante Fernando como paje, es decir, como el criado que acompañaba al señor a todas partes y le hacía los recados. El infante era todavía un niño: había nacido en Alcalá de Henares en 1503, era nieto de Fernando el Católico y hermano menor de Carlos V. Fernando se criaba en la corte de su abuelo el rey, y ahí entró Castillejo a servirlo. Para un muchacho con estudios y sin dinero esa era la manera de empezar: servía al príncipe desde niño y esperaba que de grande el príncipe le diera un puesto.

En 1518 ese plan se vino abajo. Carlos V llegó de Flandes para reinar en España y sacó del país a su hermano Fernando: primero lo mandó a los Países Bajos y después a las tierras que la familia tenía en Austria. Lo hizo porque Fernando había nacido y crecido en Castilla, hablaba castellano y les caía bien a los castellanos, y eso lo volvía un rival peligroso. Por esos años Castillejo se hizo monje cisterciense en el monasterio de Santa María de Valdeiglesias, al oeste de Madrid; no se sabe si por vocación o porque no tenía otro lugar adonde ir. En 1525 Fernando lo llamó a Austria para que fuera su secretario. Castillejo salió de España y ya no volvió. Nunca dejó de ser monje, aunque pasó el resto de su vida en la corte y no en el monasterio.

La corte de Fernando no tenía sede fija. Fernando gobernaba Austria y, desde 1526, también Hungría y Bohemia, y se pasaba el año viajando entre Viena, Praga, Innsbruck y las reuniones de los príncipes alemanes, con todos sus criados detrás. Castillejo contó esos viajes en sus versos, sin adornarlos: dormía «por mesones, por pajares y rincones, con vientos y tempestades», aguantaba «hambre, sed, calor y frío» y compartía la cama con «chinches y sus hedores, pulgas, moscas y ratones». Su trabajo era escribir las cartas y los documentos oficiales del príncipe, en latín y en castellano.

Con esa corte viajó a Inglaterra en 1532, y también a Italia, a Francia, a los Países Bajos y a varias ciudades alemanas. No le pagaban en dinero, sino con rentas de iglesias y catedrales: era la manera de darle un sueldo a un clérigo sin que el príncipe tuviera que gastar. Aunque tenía varias, vivió endeudado, porque esas rentas se cobraban tarde, mal y a dos mil kilómetros de donde él estaba. Nunca llegó a un puesto alto. Al firmar su poema sobre la vida en la corte se llamó a sí mismo «hombre de palacio».

Publicó poco mientras vivía, y escondiéndose. El «Sermón de amores» salió en Medina del Campo en 1542, firmado con un nombre falso de broma: «el siniestro Buen Talante, llamado Fray Nidel, de la Orden del Cristel». Es un sermón con todas sus partes, pero predicado sobre el amor en lugar de sobre Dios, y la Inquisición mandó suprimirlo por eso. El «Diálogo de mujeres» se imprimió en Venecia en 1544. Su poema largo sobre la vida en la corte, el «Aula de cortesanos», lo fechó él mismo «de Praga a quatro de setiembre 1547»; lo escribió por encargo de un doctor llamado Pedro Carnicer y siguió de cerca dos tratados latinos que decían lo mismo. También tradujo al castellano a Ovidio, a Cicerón y a Catulo.

De su vida privada hay poco documentado. Está probado que se enamoró de Ana de Schaumburg, una noble alemana a la que dedicó su «Historia de Píramo y Tisbe», y que ella se casó con un noble de Bohemia. **Que llevara en Viena una vida desordenada y tuviera un hijo fuera del matrimonio se repite desde hace siglos, pero no hay documentos que lo sostengan.** Lo que sí es seguro es que escribió sobre las mujeres durante treinta años, a favor y en contra, y que en el «Diálogo de mujeres» pone a discutir a las dos posturas sin darle del todo la razón a ninguna.

Se le recuerda sobre todo por una pelea sobre cómo debía escribirse la poesía. Hacia 1540 escribió «Contra los que dejan los metros castellanos y siguen los italianos». En el poema hace hablar a los poetas castellanos del siglo anterior, ya muertos —Juan de Mena, Jorge Manrique, Garci Sánchez de Badajoz—, para que juzguen a los vivos. Compara a los que escriben a la italiana con los luteranos y pide en broma que la Inquisición se ocupe de ellos «a cuenta de anabaptistas», porque «se tornan a baptizar y se llaman petrarquistas». A los dos culpables los nombra sin rodeos: «Dios dé su gloria a Boscán y a Garcilaso poeta, que con no pequeño afán y por estilo galán sostuvieron esta seta».

**Que fuera un enemigo cerrado de todo lo italiano es una simplificación de los manuales, y hoy se discute.** Él mismo escribió tres sonetos, que son la forma italiana por excelencia, y tradujo a los clásicos latinos que los italianistas ponían de ejemplo. Rogelio Reyes Cano, que editó su obra completa en 1998, sostiene que repartir a los poetas de entonces en dos bandos es una comodidad de los historiadores más que algo que pasara de verdad. Murió en Viena el 12 de junio de 1550 y lo enterraron en Wiener Neustadt, al sur de la ciudad; las fuentes antiguas que lo daban muerto en 1556 ya no se aceptan. En 1573 el cosmógrafo Juan López de Velasco juntó su obra dispersa y la imprimió en Madrid en tres libros, recortando los pasajes que la Inquisición no toleró. Durante siglos esa fue la única versión que se pudo leer.

Su tiempo

Ciudad Rodrigo, donde nació, está a treinta kilómetros de Portugal, es una ciudad amurallada y en 1490 seguía siendo una plaza militar. Su infancia coincidió con los años en que Castilla dejó de ser un reino más de la península: en 1492 se tomó Granada y salió el primer viaje a América, en 1504 murió la reina Isabel, y unos matrimonios de familia metieron a los Habsburgo de Austria en la línea de sucesión española. De todos los nietos que dejaron los Reyes Católicos, al que Castillejo sirvió fue al único que se había criado en Castilla.

Fernando, el príncipe al que servía, quedó a cargo de una frontera en guerra. El 29 de agosto de 1526 el ejército turco destrozó al húngaro en Mohács y mató al rey Luis II, que era cuñado de Fernando. Fernando reclamó los tronos de Hungría y de Bohemia, y con ellos le tocó la guerra contra Solimán el Magnífico. El 27 de septiembre de 1529 los turcos pusieron sitio a Viena, la ciudad donde Castillejo iba a pasar el resto de su vida, y estuvieron tres semanas frente a la muralla antes de retirarse. En esos mismos años él escribía coplas de besos y sátiras sobre la comida.

También le tocó vivir donde la Reforma estaba pasando. Lutero rompió con Roma en 1517 y para los años veinte buena parte de Alemania ya no obedecía al papa. Fernando presidía, en nombre de su hermano, las asambleas donde se discutía qué hacer con los príncipes luteranos. Los anabaptistas eran un grupo radical que volvía a bautizar de adultos a los que ya habían sido bautizados de niños, y que por eso escandalizaba igual a católicos que a luteranos: tomaron la ciudad de Münster en 1534 y los aplastaron un año después. Cuando Castillejo bromea con castigar a los poetas italianizantes «a cuenta de anabaptistas», está usando una palabra que en su corte significaba algo muy concreto.

La discusión literaria en la que se metió estaba pasando a dos mil kilómetros de él. En 1526, en Granada, durante las fiestas de la boda de Carlos V, el embajador de Venecia Andrea Navagero le propuso al poeta Juan Boscán que escribiera en castellano usando los metros italianos. Boscán lo probó, convenció a Garcilaso de la Vega, y en menos de veinte años el soneto y el verso de once sílabas se volvieron la forma normal de hacer poesía en España. Los libros de los dos se imprimieron juntos en Barcelona en 1543. Castillejo estaba entre Praga y Viena mientras eso pasaba, escribiendo con los versos de ocho sílabas con los que se había criado, y su respuesta llegó cuando el asunto ya estaba decidido.

Logros

«Sermón de amores» (Medina del Campo, 1542): un sermón completo, con todas sus partes, pero predicado sobre el amor en vez de sobre Dios y firmado con un nombre falso. La Inquisición mandó suprimirlo

«Diálogo de mujeres» (Venecia, 1544), donde el que acusa a las mujeres y el que las defiende discuten dentro de la misma obra y ninguno gana del todo

«Aula de cortesanos», fechado en Praga el 4 de septiembre de 1547: el retrato más detallado que dejó un español del siglo XVI de lo que era servir en una corte, escrito por alguien que llevaba veintidós años haciéndolo

«Contra los que dejan los metros castellanos y siguen los italianos» (hacia 1540), la respuesta en verso más conocida a la moda que trajeron Boscán y Garcilaso, y la razón por la que todavía se le lee

Tradujo a Catulo, a Ovidio y a Cicerón usando el verso castellano de ocho sílabas: demostró en la práctica lo que defendía en la polémica, que con el verso de siempre se podía traducir a los clásicos latinos

Nunca reunió su obra en un libro. Se conservó porque en 1573 Juan López de Velasco la juntó y la imprimió en Madrid, ya recortada por la Inquisición, y durante siglos esa fue la versión que se leyó

Sus poemas